La Experiencia en IKEA: El Café Social que Nadie Esperaba

Últimamente, me ha tocado ir varias veces seguidas a IKEA, ese laberinto infinito donde entras buscando una estantería y sales con velas, servilletas, una planta que no necesitabas y la sensación de haber hecho un máster en diseño sueco. Creo que todos, en algún momento de nuestra vida, hemos caído en sus redes. Pero por si hay alguien que ha logrado escapar sin traerse una taza o un juego de perchas negras, les cuento: la primera vez es emocionante, casi como una expedición a lo desconocido; la segunda vez me la voy a saltar, y la tercera… ya estás al borde de pedir ayuda a un guía de montaña. Sabes que la salida existe, pero no la encuentras. Y te descubres caminando en círculos, intentando cortar camino por las puertas de emergencia. Spoiler: no se puede. Es más fácil salir de un grupo de WhatsApp familiar sin ofender a nadie que encontrar la salida en IKEA.

Pero hoy no vengo a hablar de sus muebles, diseño y laberinto, sino de algo mucho más interesante: su cafetería.

El Rollito de Canela de IKEA: Un Placer Irresistible
¿Quién no ha caído alguna vez en la tentación de comer un perrito por un euro o se ha dejado seducir por el mítico helado de nata en cono? Pero la auténtica joya de la corona es el rollito de canela. Dulce, calentito, esponjoso, con un rico olor a canela y a un precio ridículo en comparación con lo que cuesta hoy en día una merienda decente. 0,99 € con café gratis. Sí, gratis. Y algunos dirán: “Sí, pero en vaso de cartón…” Vale, te lo dan en un vasito de cartón que parece diseñado para el café de un duende, pero oye, café gratis. No nos pongamos exquisitos.

¿Y el rollito? ¿Saludable? No. ¿Delicioso? Absolutamente. Y si lo mojas en el café, te adentras en otra dimensión, como en Stranger Things.

Ahora bien, entiendo que cada persona tiene su propio horario para comer, pero para mí, la merienda es sagrada de cuatro a seis y media, y pasada esa hora, lo dulce pierde popularidad. Pues en IKEA no. En ese horario empieza la gran batalla: dulce o salado.

Mientras disfruto de mi merienda low cost, observo. Y observo mucho. La mayoría de los que terminan con el carrito a reventar hacen parada técnica en la cafetería. Pero en vez de caer en la tentación del rollito, van directos al perrito caliente. Los veo echando ketchup y mostaza con una precisión quirúrgica, como si estuvieran decorando un plato en MasterChef. Y yo, con mi rollito en la mano, me pregunto: ¿de verdad, a las 4:30 de la tarde, apetece más un perrito que un rollito de canela?

Si es por "comer más sano", permitidme desmontar el mito: ni uno ni otro. Es como elegir entre un donut y unas patatas fritas. Lo mejor es asumir que ambos son pura felicidad en forma de calorías "vacías" y seguir adelante con la vida.

Consejos para Disfrutar del Rollito de Canela en IKEA
Para los que son del team rollito, ahí va un consejo: si llegas muy pronto, sobre las 4 de la tarde, puede tocarte uno recalentado, más seco que el sushi de Mercadona. La clave está en encontrar el momento perfecto, ese instante en el que lo sacan del horno y todavía está jugoso y caliente. Hay que ser estratega.


El Restaurante de IKEA: Café Gratis y Drama Incluido
Pero aún hay más… si en lugar de quedarte en la cafetería, subes al restaurante, la experiencia mejora. El café sigue siendo gratis, pero aquí te lo sirven en taza o vaso de cristal, dependiendo del estado de ánimo de los trabajadores.

Eso sí, si quieres acompañarlo con algo, toca pagar. Croissants, donuts, tortitas con nata, muffins, tarta de chocolate… Aquí no hay perritos, pero si eres de salado, puedes optar por un bocata o un wrap de salmón. Lo siento por los amantes de los perritos: si quieres uno, tu sitio es la cafetería, así que quédate abajo y no subas.

Pero, como todo en la vida, cuando algo es gratis... ¡siempre hay trampa! Y en este caso, la trampa es la cola en la máquina de café. Este es el verdadero campo de batalla. Aquí conviven diferentes tipos de personas:

  • La que espera pacientemente.
  • La que se inquieta, se mueve de un lado a otro y te mete prisa con la mirada.
  • La que no sabe usar la máquina y pide ayuda al de atrás.
  • La que toca todos los botones y termina sacando sopa de café (agua-chirri).
  • La que, desde lejos, llama a un trabajador como si fuera una emergencia nacional porque "no sale la leche".

Éste último lo sufrimos todos. Cuando ya tienes tu café en la mano y… ¡se acaba la leche! Pánico. De pronto, se forma un grupo de apoyo espontáneo mientras todos esperan a que un trabajador venga con el cartón salvador. Se siente una especie de hermandad, una unión entre desconocidos con un propósito común: completar su café, y es en ese justo momento cuando piensas: ¿qué es IKEA?

IKEA: Más que Muebles, un Café de Moda
Pues IKEA se ha convertido en el nuevo café de moda. Sofás cómodos, mesas altas, iluminación acogedora… Solo faltaría que sus camareros llevaran pajarita y te atendieran en mesa, y ya sería un bistró escandinavo porque su especialidad son las albóndigas suecas.

Y ojo, porque IKEA no solo es para merendar, también es un club social. Hay gente que queda para jugar a las cartas, charlar y pasar la tarde. Es el nuevo Starbucks, pero sin el drama de los nombres mal escritos en los vasos.

¿Más barato? Absolutamente.
¿Más entretenido? Sin duda.

Lo admito: al principio, iba a IKEA por obligación. Ahora, le he cogido el gustillo. Ese café con leche espumosa, mi rollito de canela y mi sesión de observación social… ¡qué más se puede pedir!

Ahhh, se me olvidaba un dato importantísimo: el café solo es gratis si eres socio de IKEA.

¿Y tú? ¿Te vienes a merendar conmigo? Te invito al café. ☕️

P.D.: For my IKEA crush – Si alguna vez nos cruzamos en la fila del café, prometo cederte el último rollito de canela… o al menos partirlo a la mitad. ☕️💕



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