¡Gente! O mejor aún, ¡Ladies & gentlemen! Vamos a internacionalizar el saludo, ¿por qué no? 😎
El caso es que vengo a contaros algo épico: ayer… ¡lo hice! ¡Sí, lo hice! Después de tanto tiempo… y cuando, por fin, los dioses decidieron darme una tregua y cerrar el grifo… ¡Salí a correr! ¡Como una runner de verdad! Sin pensarlo demasiado, solo tuve que esperar a que el móvil llegara al 45% de batería porque, sí, es indispensable, y sin él no salgo ni a correr ni a na-Dar. 😂
Y seguro que alguno está pensando: “¡Pues tampoco es para tanto!”… Pero, créedme, ¡lo es! Y les cuento por qué.
Estaba en casa, viendo el sol brillar, y me dije: “¡Ahora o nunca!” Porque, claro, no tenía excusa. Pero entonces… ¡boom! La mente, que es una cabrona, empezó a llenarse de dudas, y el miedo estaba ahí, acechando, mirándome desde la esquina como diciendo: “¿En serio vas a hacerlo?” Y yo, con el cerebro medio nublado (si es que eso pasa, ¿no?), dudando de todo.
Llevaba semanas sin correr. Lo del otro día—ese momentazo de “2 días de felicidad”—fue solo una caminata. Nada impresionante, nada de lo que presumir. Y por eso me daba miedo. ¿Y si no era capaz? ¿Y si volvía a casa frustrada, desolada, decepcionada conmigo misma…? Vamos, el pack completo del drama.
Preparativos Previos: Música, App y Motivación para Correr
Fui al armario, abrí el cajón y saqué un top deportivo, unos leggins negros, calcetines, mis zapatillas y… ¡una sudadera con gorro! Sí, con gorro. Me la puse, cerré la cremallera y salté un poco por la casa para comprobar si el peso del gorro me impediría correr como el viento. Spoiler: no. Spoiler 2: mis modelitos para correr no son dignos de Instagram. No soy pro en esto, jajaja. 🙆
Seguí buscando un coletero, me hice una cola alta y… ¡Mierda! Mi smartwatch, sin batería. Pero recordé que tenía la app de Adidas Running en el móvil. Problema resuelto.
Cogí mi riñonera (o cinturón para móvil y llaves, como lo queráis llamar) y los auriculares. Comprobé que el móvil siguiera en 45% —gracias, carga rápida—y salí a la calle con las mismas ganas que cuando te vas a un concierto o a un festival. Efusividad nivel dios. Abrí la app, puse el modo correr y… ¡a darle!
Era tarde, el sol ya se estaba poniendo. Nunca había salido tan tarde; siempre corro con luz… ¡mucha luz! Viva la luz, ¿no? Aunque ya de paso, podría ser más barata.
Me propuse ir más despacio, para ver si así me cansaba menos y lograba correr un poco más. Esta vez hice el recorrido al revés, y la subida que me encontré fue como esas relaciones que empiezan bien y, de repente, se vuelven cuesta arriba. 😅 Pero mi estado de ánimo seguía intacto, porque iba con mi lista favorita de Spotify. Y con buena música, todo se lleva mejor.
No sé vosotros, pero yo he intentado correr escuchando un podcast y… ¡no puedo! Me pierdo en mis pensamientos y, cuando me doy cuenta, estoy ahogándome y preguntándome en qué momento decidí torturarme así. ¡Adiós, podcast!¡Hola, música!
Vamos a ver, si sales a hacer deporte para cuidar tu cuerpo y tu salud—también tu salud mental, digo yo—¿por qué vas a ponerte a pensar en los problemas de la vida? ¿En tus problemas? ¿En qué vas a comer mañana? ¡Nada de eso! Para eso ya están los momentos de insomnio a las tres de la mañana. Por eso, prefiero ponerme música que me motive, y que me haga sentir como si estuviera bailando mientras corro.
Pero ayer… no fue así.
Iba corriendo, con mi música, observando el mundo, y, de repente, ya llevaba un kilómetro. Cuando escuché a la mujer de Adidas decir “one kilometer” (léase con acento inglés), mi mente desconectó del todo y empezó a pensar en esta entrada. Mi mente y yo, el dúo dinámico, conectando ideas sobre mi experiencia con el running.
Casi llegando a la meta, me sentía genial. Notaba el sudor en el pecho y la espalda, el pelo sorprendentemente no hecho un desastre, y el gorro de la sudadera… ¿Llevaba gorro? Pues ni tan mal, la verdad.
Así que decidí alargar un poco el camino. Pero cuando estaba a punto de llegar de nuevo a mi meta, me di cuenta de que la mujer de Adidas no me había cantado el tercer kilómetro.
Rápidamente, sin parar de correr, abrí la cremallera de la riñonera, saqué el móvil y vi que me quedaban unos 200 metros. ¿Qué hice? Pues meterme en el parking del supermercado Dia y dar dos vueltas.
Y si os preguntáis si había gente… ¡Sí! Unas cuantas personas guardando sus compras en el maletero mientras yo pasaba corriendo con las llaves en la mano. Y sí, me miraron. No una vez, sino dos, porque, claro, di dos vueltas. 😂
Ahí fue cuando escuché el esperado: “three kilometers” (queda mejor si lo leéis con acento inglés).
Mi cara sonreía sola, y no paré de correr hasta llegar a la puerta de mi casa. Chicos, no sabéis qué felicidad. Esa sensación de satisfacción, de haberlo logrado, de haber aguantado. ¡Y de que esto podría ser el comienzo de un nuevo hobby!
¿Qué os parece? Incluso he estado pensando en incluir una sección de running en el blog. 😏
¿Quién se anima a correr? ¡Correr es de valientes! O, como dice mi padre, "¡O de cobardes!", jajaja. 😜
"Para los curiosos, este es el recorrido que hice según la app de Adidas Running".
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